Capítulo 36.

Con la llegada del amanecer, Julian y yo nos despertamos temprano, buscando salir de ese hotel humano para regresar a casa lo más pronto posible.

—¿Viniste en coche? —pregunté sorprendida, viendo una gran camioneta negra que nos esperaba en el estacionamiento del hotel.

—Por supuesto, las leyes de las manadas prohíben que los hombres lobo ingresemos en ciudades humanas transformados, la única manera de llegar es en medios humanos —explica Julian con calma— ¿Como fue que llegaste tu?

—Igual… —re
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