Enzo.
El sonido de la camilla deslizándose por el suelo resonaba en la habitación. La chica seguía inconsciente, su rostro cubierto por vendajes, ocultando lo que pronto sería la obra maestra de Dorian. No era Isabella, lo sabía. Pero su imagen… su presencia despertaba en mí emociones que creía enterradas hace mucho tiempo.
No podía permitirme tales pensamientos. No podía demostrar debilidad. Durante años, mi reputación como el alfa oscuro se había forjado con sangre, miedo y respeto. No iba a