El día había estado lleno de sorpresas inesperadas, y la noche no podía culminar de otra manera, Adam alzó sus ojos y se fijó en la esbelta figura de una mujer cuyo rostro era iluminado por la luz de las estrellas que irradiaban con tal intensidad como si quisieran decirle algo especial.
– Buenas noches Mariana, veo que tampoco puede dormir – exclamó de repente al verla.
– Hace una noche preciosa, y no pude resistirme a salir a tomar un poco de aire fresco– Dijo ella.
– ¿Ha terminado de instala