Al llegar a la Casa Moras, lo primero que vi fue a mi mamá en el sofá, riendo a carcajadas mientras revisaba algo en su teléfono.
—¿Qué ves, mamá? Te ríes como loca —le dije con una sonrisa, mientras me servía una taza de café.
—¿Qué va a ser? ¡A tu encantador exmarido y su noviecita perfecta! —Me extendió el teléfono y comentó, divertida—. Tienes que ver los comentarios; son justos y necesarios.
Tomé el celular. La pantalla mostraba el perfil de Eva en redes sociales, donde los comentarios ya e