Aquel día era tan gris como todos los anteriores de esa semana. Adalet había adelantado todo el trabajo posible, pues su madre se hallaba cada vez más débil y enferma. Sabía que en cualquier momento ella ya no estaría más, y aunque aquello le causaba demasiado dolor, sabía que tenía que ser fuerte.
—Listo, he traído todo lo que me pediste, creo que este será un día muy agradable para todos — decía Bastián llevando todas las mantas y bocadillos que la pelirroja le había encargado.
Adalet sonrió.