Nuevamente estaba lloviendo. Bastián no se sentía de humor, de hecho, ese era ya el tercer día que empezaba la mañana con el pie izquierdo. Su padre le había llamado exigiéndole dejar de lado todo lo de su apretada agenda, pues era urgente lo que tenían que hablar.
Ya sabia de que iba todo aquello, su madre le había avisado de la visita que Rebekah le había hecho a su progenitor, junto al resto de la lista de quejas que la fastidiosa mujer le había dicho al implacable y estricto Myers. Realment