Emi apretó las sábanas con fuerza, sintiendo cómo el resentimiento que había intentado enterrar volvía a florecer con fuerza. Amaba a Gabriel con toda su alma, eso era innegable, pero el dolor de las mentiras, el arrebato de todas sus propiedades y el verse obligada a huir como una criminal la hacían dudar de todo.
No quería que él supiera del bebé por pura obligación o en medio de toda está guerra de poderes.
—Nicanor —dijo Emi, buscando la dirección de la voz del viejo capataz—. Prométeme qu