Las palabras de Eduardo cayeron como un hacha. Gabriel se quedó rígido por un segundo, procesando la información.
-¿Los establos viejos? Ella nunca ha ido a ese sector es un terreno peligroso incluso con buen clima. Para Emi, bajo ese diluvio, es peligroso.
Gabriel dio tres zancadas feroces y tomó a Eduardo por la solapa de la camisa, estampándolo contra la pared. La taza de café se volcó, tiñendo la madera de la mesa.
—¿La dejaste ir sola? Sabiendo lo de la tormenta —rugió Gabriel, con los oj