Gabriel apretaba los puños dentro de los bolsillos, sintiendo el roce de los documentos que cambiarían el destino de sus vidas. Había pasado la tarde ensayando las palabras exactas para explicarle a su padre, que su lealtad ya no pertenecía a los negocios turbios, sino a lo que dictaba su corazón y su compromiso con Emi.
—Papá, tenemos que hablar —soltó Gabriel, con la voz algo tensa—. Se trata de Emi... y del manejo de sus bienes. Ya firmó los documentos.
—Si, lo sé—respondió sin mirarlo— como