La mansión Worthington.
Aunque le costó dormir esa noche, atormentada por los pensamientos sobre Sebastián y esa mujer en la empresa, finalmente logró conciliar el sueño. Al amanecer, Ana se despertó envuelta en el aroma envolvente del café recién hecho, que se filtraba por cada rincón de la casa como un abrazo cálido, invitándola a comenzar el día. Ana estira sus brazos y se sienta al filo de la cama. Pone sus pies en la alfombra y enseguida su mente volvió a la persona que últimamente no salía de su cabeza, pero