Capítulo 59
Nunca sentí que pertenecía a aquella ciudad. Nunca imaginé que llegaría el día en que formaría parte de aquella maquinaria gigantesca. Una maquinaria repleta de edificios enormes, de luces, colores y gente. Mucha, demasiada gente. Y ahora formaba parte de ella y sin querer había convertido aquella ciudad en la realidad de mi hijo, en su mundo, su universo. Era lo único que conocía y aunque quisiera escapar, no podía escapar de lo que era él, no le podía hacer lo mismo que me hice y