Capítulo 158: Lo definitivo.
Pero también sabia, que no existían realmente limites en lo que Leonardo Prego pudiera hacer con tal de tenerla…aquel amor, meditó para sí mismo, era enfermizo. Luego de un rato y un corto viaje silencioso, finalmente habían llegado a la mansión Prego.
—Espera, Arianna. — suplicó Julia a la castaña que casi corrió a acercarse a la mansión que parecía tener siglos sin ver, mientras Leonardo estacionaba el coche en uno de los pocos sitios disponibles del enorme y cuidado jardín.
El cabello sedoso