Iker
El despertar fue brusco. El corazón me latía con fuerza y la sensación de asfixia se sentía como una mano fuerte que me estaba sofocando.
Miré a mi alrededor y la oscuridad no era tan densa como la vez anterior que desperté, lo que significaba que era de día.
Tragué pesado y traté de contener las ansias de llamarla, de ordenar que me sacaran de aquí, porque necesitaba recuperar fuerzas.
Al parecer, el acónito ya estaba dejando de hacer efecto en mi cuerpo y pronto vendrían a inyectarme más