Los pasos no se detuvieron.
Aunque Ayo dejó de escucharlos con los oídos.
Ahora los sentía en la estructura del lugar.
Como si el edificio hubiera empezado a anticipar algo que aún no había terminado de materializarse.
El expediente cerrado frente a él volvió a abrirse solo.
Pero esta vez no lo hizo con urgencia.
Lo hizo con paciencia.
Como alguien que sabe que ya no necesita apresurarse.
Ayo no tocó la pluma.
Ni el escritorio.
Solo observó.
El otro Ayo ya no estaba.
Pero su ausencia no era vac