Jena no iba a perdonar sus días de ausencia tan fácil. Ella lo miraba con una sonrisa entre el brillo de sus ojos, su aroma era embriagante, era casi capaz de resistir para no propasarse con ella, por su miedo a no cumplir, pero olía su deseo, y se animaba a intentarlo.
—¿Qué haces aquí? —pregunto para romper la tensión, pero no provocó a Conan para que la soltara, esos labios húmedos eran un tormentoso deseo.
—Se que mi padre estuvo aquí. —Jena coloco sus manos sobre sus hombros y lo empujo. S