—Mira amor, ¡una estrella fugaz! —exclamó Wilson emocionado, señalando hacia el cielo oscuro donde una luz brillante se deslizaba fugazmente.
—¿De verdad? ¿Dónde? —preguntó Tete, intentando localizarla.
—Allí, justo allí. Pide un deseo —dijo Wilson, con una sonrisa en el rostro.
—¿Yo? —Tete parecía sorprendida, pero siguió la indicación. Cerró los ojos y, con una expresión serena, murmuró—: Deseo que mi familia sea muy, pero muy feliz.
Wilson observó a Tete con ternura y luego cerró también sus