93. El inicio del fin
Bella
Dos horas, y daría el sí a Sandro Vitale.
Dos horas para convertirme en su esposa. Pero sonreí, y lo hice con tanto descaro que incluso me asaltó una pequeña carcajada. El hijo de puta se sentía cerca del triunfo, y si, habría uno, pero no seria precisamente él quien gozase de aquel victoria.
Cerré los ojos un instante y suspiré antes de abrirlos.
Entonces me miré al espejo. Luego de largas y exhaustivas horas de preparación y maquillaje, allí estaba, atrapada en aquel vestido de varias c