92. Horas
Sebastian
Giovanna si quiera preguntó a donde nos dirigíamos. Desde la boda, apenas habíamos intercambiado palabra alguna. Lo cierto era que sus sentimientos por mi eran tan nulos como los míos por ella. La estimaba, sí, pero ese cariño no cobraba fortaleza.
Lo mejor que podría hacer por ella en un momento tan crucial en nuestras vidas como este, era entregarle la libertad que merecía y que solo ella pudiese decidir a quien amar.
Luego de veinticinco minutos de trayecto, cuando el sol si quie