86. Resistir y fingir...hasta el final
Bella
Encajada dentro de aquel vestido revelador y con el corazón atorado en la garganta, me enfrenté al ojo minucioso de la prensa luego de haber bajado del auto atada al brazo de mi prometido. Rigo, y otro de los hombres que custodiaban nuestra llegada, impidieron que se acercaran demasiado, cosa que agradecí. Las preguntas no pararon hasta que llegamos a la entrada del recinto, pues Sandro se encargó todo el tiempo de alardear acerca de lo imperiosa que sería nuestra boda.
—Sonríe, mi amor.