54. Tres corazones
Bella
Cuando supe que Sebastian se había ido antes de que alguno de los guardias del hotel pudiese alcanzarlo, creí que todo habría acabado para nosotros. Pero me confié demasiado y por eso no vi venir la fuerza con la que Sandro me lanzó contra la pared.
Solté un quejido tras recibir el impacto y ahogué otro cuando sus dedos se envolvieron alrededor de mi cuello y casi me elevaron del suelo.
—¿Crees que puedes verme la cara de idiota? —Toda su cercanía se pegaba a mi cuerpo de una forma en l