— Bien, hagamos esto como dijo la doctora que debemos hacer.
Hanna terminó de colocar la manta sobre el césped del jardín junto al bonito árbol con flores frondosas y rosas que daba una buena sombra. Miró la hora en su muñeca antes de extender una vez más las mangas de aquel vestido que había escogido porque tenía un feo moretón en su brazo.
Hanna tragó los nervios al pensar en la forma en que se habían dado las cosas los últimos dos días. Tembló mientras acomodaba el pañuelo que había estado u