Narrado por Myra
Regreso a la cueva con el frasco vacío en el bolsillo y el pecho apretado.
Mis piernas tiemblan, pero no me detengo. Si me detengo, me desarmo. Y si me desarmo aquí, pierdo.
Alaric me espera
—Ya lo hice —digo sin rodeos—. Ahora devuélveme a mi bebé. Y a mi hermana.
Alaric sonríe apenas.
—¿Ya lo hiciste? —pregunta, como si estuviera escuchando a una niña decir una mentira.
Me acerco un paso.
—Sí.
—No soy tonto, Luna —dice, y su voz se vuelve más baja—. Voy a comprobarlo.
Mi est