—Tú eres la mujer de mi hermano—dijo con pesar alejándose de mí
Allí donde sus manos estaban sentí un frio terrible, como si mi cuerpo se hubiese acostumbrado a él, pero era ilógico.
¿Cómo alguien como nosotras querría a alguien como él? —repitió mi conciencia y algo muy en mí interior se rompió
—¿Por qué no me lo dijiste?—logré pronunciar observándolo a unos pasos de mí con la mirada fija en su espalda
—Pero tú, entre tantas chicas en el reino, me notaste a mí, dejaste que calmara tu llan