El camino a Dafferin me pareció eterno, quizás influyera el sepulcral silencio que nos acompañó todo el recorrido o que realmente era una larga distancia.
Llegamos a un reino pequeño cuando la luna comenzaba a elevarse. Las calles perfectamente iluminadas que resaltaban las modestas casas con preciosos jardines que provocaba alucinar a todo el que lo mirase.
El palacio era mucho más pequeño que habíamos dejado atrás pero no por ello dejaba de ser aún más hermoso. Sobre todo por estar minuciosam