—¡Ve a nuestra alcoba!—ordenó una vez que el automóvil se detuvo frente a las enormes puertas del palacio y yo lo encaré lista para replicar—no es el mejor momento para un berrinche de niña consentida
—Lástima que decidiste casarte con una—respondí de mala gana sintiendo un nudo en mi garganta y descendiendo del vehículo lo más rápido que podía.
—Señorita Andrea—la voz de Arthur me detuvo a pocos pasos de las enormes puertas—Él no quería tratarla…
—No lo justifiques más—lo interrumpí mirándolo f