Kamila salió en medio de la noche para ir a ver cómo estaba Tiago, tomó un taxi hasta la casa del señor Alberto, que la recibió en la puerta y fue a pagar al taxista. Ella esperó en la sala mientras él lo hacía.
— No puedo agradecerte lo suficiente por venir, incluso después de que te despidiera sin más explicaciones.
Kamila le contestó:
— No hablemos más de eso, señor Alberto. Todo lo que importa es la salud de Tiago. — Alberto se acercó y besó su mano, mirándola a los ojos, y Kamila sonrió.
—