Josué estaba en problemas. Sabía qué Lana contaría todo, y su único pensamiento era huir y garantizar que Osvaldo cumpliera el acuerdo que habían hecho. Los siguió hasta la mansión de Osvaldo y Carla, decidido a evitar que lo dejaran con las manos vacías. Extrañamente, la propiedad estaba desprotegida, lo que facilitó su entrada. Él escuchó la voz de Carla y supo que Osvaldo estaba sin dinero, contrariando la promesa hecha a él. Josué estaba seguro de que robar era su única salida.
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