Adrián
El aire se había vuelto más denso, casi palpable, como una bruma helada que se deslizaba entre los árboles. Las sombras danzaban a nuestro alrededor, más vivas, más insistentes, una manifestación del dolor y del sufrimiento que impregnaba cada rincón de este bosque. Cada ruido, cada suspiro parecía amplificar la angustia que nos asediaba. Sin embargo, a pesar de esta pesada opresión, una sensación extraña me invadía, una especie de clarividencia que me empujaba a avanzar, a buscar lo que