Lucian
No sabía cuán distorsionada podía ser la realidad. He visto cosas. Demasiadas cosas. Fragmentos de vidas enteras, sufrimientos indescriptibles, decisiones devastadoras. Y, sin embargo, en medio de todo eso, Morgane… me llamó. Ha sido el único hilo de Ariadna en este abismo sin fin.
Todavía siento el peso del cristal en mí, esa presión constante sobre mis pensamientos, mis emociones. Es como un veneno que fluye por mis venas. Pero, cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que no estoy perdido. No aún. Hay un camino. Morgane tiene razón. Debe haber una salida.
La miro, de pie frente a mí, sus ojos llenos de determinación y amor. ¿Cómo pudo seguirme, buscarme, cuando me he convertido en lo que soy? Un monstruo. No, un hombre roto, consumido por su propia debilidad. Pero ella no me juzga. No me rechaza. Me tiende la mano, una y otra vez, como si la esperanza no fuera solo una palabra para ella, sino una promesa que me hace. Una promesa que parece dispuesta a cumplir, cueste lo qu