Sasha
Me suelta, pero su mirada permanece fija en mi boca. Me obligo a retroceder, a romper ese hilo invisible que parece atarme a él en este momento.
No confío en Adrian Vassili. No confío en Dante Moretti tampoco.
Y sin embargo, ambos me atraen, llevándome a un juego al que nunca consintió jugar.
Me doy la vuelta bruscamente y salgo de la habitación. El pasillo está débilmente iluminado, las sombras se extienden sobre las paredes. Mi pulso sigue irregular, y el sabor del beso de Dante persist