Morgana
La noche había caído desde hacía mucho cuando dejamos el santuario, un escalofrío deslizándose por mi piel mientras caminábamos por las oscuras callejuelas. El artefacto que buscábamos parecía no ser más que un mito, un vestigio perdido de un tiempo olvidado, pero mi instinto me gritaba lo contrario. Existía. Y debíamos encontrarlo.
Dorian caminaba a mi lado, su mirada penetrante fija en el horizonte.
— Tenemos una pista, dijo finalmente. Un antiguo templo, en el corazón del bosque proh