La tranquilidad que sentía en ese preciso momento, era indescriptible. Tenía a su omega frente suyo y aunque sintió el impulso de estrellar la cara de Damian en el suelo, había logrado calmarse. Los profundos ojos azulados de Louis, lo miraban fijamente, su lobo se retorcía de la felicidad, de la dicha de tenerlo a su lado.
— Tienes los ojos demasiado hinchados —comento— ¿Estuviste llorando?
— A-Ah no es nada —respondió llevando sus manos a su rostro, para cubrirse.
— No me dejas opción, tendré