Sentía que mi conciencia se desvanecía poco a poco, y ya no tenía ganas de seguir viviendo. Antes tenía a mi madre, pero luego ella también se fue, dejándome sola.
Luego tenía a Daniel; aunque teníamos nuestras diferencias, al final, había amor entre nosotros. Después llegó Natalia, pero ahora ella tenía a Francisco. Parecía que, sin un pilar emocional, la vida y la muerte se volvían indiferentes.
Escuchaba a Francisco murmurar en mi oído, y una sonrisa se dibujó en mis labios. Realmente hacían