—¡Camila! —La voz de Leonardo, antes fría, ahora mostraba una pizca de ansiedad.
Parecía que había otros sonidos, pero ya no podía distinguirlos; solo sentía un dolor intenso en la mano.
Alguien había agarrado la mano de Leonardo, pero él se negaba a soltarla, y el dolor en mi mano aumentaba...
Poco a poco, abrí los ojos y giré la cabeza hacia Leonardo.
Él sostenía mi mano, mientras dos médicos lo sujetaban, y detrás de él estaba Natalia, con una expresión de preocupación y malestar.
—Deja de dr