Sofía salió corriendo llorando, dejando a todos los presentes completamente sorprendidos mirándome.
Les sonreí a los que se habían quedado a cotillear. —Ustedes no tienen respaldo. Más les vale esforzarse, de lo contrario, no habrá bonificación.
Se notaba el asombro en sus ojos, sorprendidos de que yo, tan sumisa, hubiera reaccionado así. Pero no tenía intención de molestar a Sofía, si ella no hubiera presumido delante de mí, habríamos podido convivir en paz. Pero ella no quiso.
Cuando volví al