El rostro de Natalia había perdido toda expresión de orgullo y se tornó extraordinariamente serio. La miré con curiosidad, sintiéndome completamente desconcertada.
—Sabes que en mi casa valoran más a los hombres, ¿verdad? —Se recostó sobre el lavabo, mirándome fijamente.
Asentí. José siempre había sido así, trataba mejor a su hermano que a ella.
Pero la familia Álvarez, a pesar de todo, era bastante rica. Pensé que su vida no debía estar tan mal. Al menos, era mucho mejor que la de una chica de