Volaron esa mañana. Sin palabras, solo instrucciones cortas y el zumbido sordo del avión. Rose observó cómo la isla se desvanecía bajo las nubes, con el pulso apretado por las preguntas que no podía formular.
La camioneta los recibió en el aeropuerto. Negra, tintada, silenciosa. Apenas la miró durante todo el trayecto, teléfono en mano, con la voz grave al hablar con quienquiera que estuviera al otro lado de la línea. Cada palabra sonaba como una orden.
Al anochecer, se paró frente a un espejo e