Darshen había estado en la finca Lariel más de cien veces, pero la casa siempre parecía contener la respiración.
Encontró a Richmond en el jardín trasero, sentado junto a la mesa de cristal, con una taza de café sin tocar delante. La brisa marina se filtraba por los arcos abiertos, tirando de las mangas de su camisa.
"No me dijiste que habían vuelto", comentó Darshen.
Richmond no levantó la vista. "Te enteraste de todos modos...", añadió después de un minuto. "Llegaron anoche".
"Lo sé". Darshen