Las manos de Demetrio sudaban. Su corazón palpitaba tan fuerte que podía oírlo en ese momento. Estaba tan nervioso que su respiración estaba entrecortada. Estaba cumpliendo el sueño de casarse como Dios manda con la mujer que amaba. Recordó por inercia, la vez que se iba a casar con Alina y sonrió con ironía, agradeciendo que la vida en ese momento no le fuera permitido casarse con ella, porque definitivamente hoy era el hombre más feliz del mundo.
La iglesia estaba llena de trabajadores de la e