—¡Joder, Eva! Te dije que ese hombre era un peligro —gritó Demetrio con el rostro rojo de coraje.
Evangelina sentía su corazón latir lentamente, pensaba que conocía a Santino de toda la vida, compartió con él, y nunca lo conoció.
Llevó las manos a su rostro empapado mientras ahogaba el llano en ellas, aun sin poder creerlo. Aunque no era seguro, existía la posibilidad, por qué nadie conocía la empresa tan bien como Santino y justo esa misma madrugada Eva le había dicho que no lo quería en su vid