Después de darle un té a Luisa, y convencerla de que sería uno más y ya, Evangelina subió con su marido a la habitación. Estaba feroz por tenerlo, y él lo sabía muy bien.
Se metió en la ducha por largas horas, para difundir su cuerpo en un baño de rosas y usar todas las cremas con olores que le encantaba usar, y así despertar al hombre salvaje que tenía Demetrio por dentro.
Su entrepierna palpitaba de solo imaginar que iba a estar con él. Lo deseaba realmente con locura.
Eva peinó su largo cabel