Apenas rayó el alba, Evangelina se levantó de la cama decidida a luchar por el hombre que amaba.
Tomó una larga ducha de jazmines y se colocó una pijama sexi, para lucírsela a ese hombre qué tanto amaba. Había dormido en la habitación al lado de la de Laureti, y por largas horas lo escuchó sollozar con el deseo de ir a su habitación, pero no quiso hacerlo, para no atosigarlo.
Cuando estuvo lista, bajó para subirle el desayuno a Demetrio, e intentar que comiera un poco, ya que los últimos días en