El arrogante CEO, Demetrio Laureti, había resultado enamorado de la mujer que menos pensó en su vida. Una simple secretaría "fea"como él le decía. Había resultado loco por Evangelina Anderson, aquella chica que llegó a su vida para dañarlo todo con su presencia, resultó diferente, devolviéndole a Laureti la felicidad y calidez de una familia.
—¡Mira, papi, una estrella fugaz! —gritaron los niños emocionados, señalando al cielo.
—¡Pidan un deseo! —dijo Laureti, gritando.
Todos pidieron sus deseos