Metieron a Demetrio a quirófano para extraer la bala que había perforado su pulmón y se estaba agravando.
—Tiene que salir la señora, y dejar al paciente en nuestras manos.
—Pero…
—No puede estar aquí, lo siento señora —exclamó la enfermera.
Eva estaba nerviosa en la sala del hospital, caminando de un lado a otro.
—¿Cómo está mi hijo?—preguntó Massimo agitado entrando al hospital.
—Massimo, esa tipa le disparó —Eva se abalanzó en los brazos de su suegro y reventó en llanto con desconsuelo.
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