—¡Te vas de mi empresa! —le gritó tomándola por el brazo con fuerza. Tamara abrió los labios con sorpresa ¿Quién se creía ella para correrla?
—¡Suéltame! —gritó Tamara soltándose de su agarre—. No eres nadie para correrme de esta empresa—bufó—. Ni siquiera eres mi jefa.
Evangelina sintió que la sangre le hervía, esta mujer era un dolor de culo.
—¡Soy la mujer del dueño de esta empresa, y eso me convierte en tu jefe, así que recoge tus cosas y vete de mi empresa! —gritó con furia arrastrándola a