Eva se quedó estática viendo al hermoso hombre que estaba en frente de sus ojos. Sus piernas temblaban y no podía articular ninguna palabra.
—¿Por qué me dejaste Eva? ¿Por qué no has vuelto a casa con tus Trillizos? Te necesitan, al igual que yo, ¡¿por qué cojones me alejaste de los mellizos?! —Eva arrugó el entrecejo.
—Disculpe, está usted equivocado señor, mi nombre no es Eva, me llamo Elena y no lo conozco.
Demetrio la miró, incrédulo.
—¿Cómo que estoy equivocado?—intentó acercarse a los niño