GABRIELA
—¿Porque nadie me dice nada?— pregunto alzando la voz a la pobre enfermera que no tiene la culpa de nada— lo lamento, pero estoy muy nerviosa, han pasado horas.
Horribles y tortuosas horas dónde me dicen nada y nuevamente se que la boca castiga.
En el momento exacto en el que le dije a Rodrigo que se podría morir, uno de esos delincuentes lo atacó por la espalda y yo aún puedo ver su sangre en mis manos, no puedo dejar de temblar, jamás había estado en un hospital menos en uno así,