RENATO
—Yovana Izaguirre, ven aquí mi dulce gordita.
Gritó viendo a mi nieta correr como la bala perdida que es hacia mi en su cumpleaños número cuatro.
Increíblemente si alguien me hubiese dicho que viviría un día como este jamás lo hubiese creído pues aunque nunca me resigne a qué mi hijo me odie, estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio por su paz, sin embargo, a ese le gustan las guerras y no me puedo sentir más orgulloso de la maravillosa familia que ha formado.
— ¿Quien se hace c