El silencio era absoluto, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento. Sofía y su equipo se movían en la penumbra, sus pasos cautelosos, sus respiraciones contenidas. Cada segundo que pasaba parecía alargarse en una agonía interminable, pero en la mente de Sofía no había lugar para el miedo. Estaba acostumbrada a la tensión, a los momentos en los que las decisiones podían significar la vida o la muerte. Sin embargo, esta vez algo era diferente. El peso de la traición de Felipe lo c