—¡Despierta Eun-ji! ¡Corre! ¡Tienes que irte!— Me gritaba Dong-Yul mientras sacudía mi cuerpo tratando de que despertara.
Abrí los ojos y no pude evitar gritar al ver los cuerpos de dos hombres muertos tirados en el piso y Dong-Yul con las manos llenas de sangre.
—No me hagas daño— le supliqué llorando y rogando por mi vida, no podía haberme equivocado con él al pensar que no era mala persona.
El tiempo que convivimos juntos en el Hanok, llegué a pensar que era un buen hombre, pero había matado